¡Toma título! Si hasta parece que voy a escribir serio, y no de los eventos consuetudinarios que acontecen en la rua que decía Machado para hablar de… pues si, de algo tan simple como lo que pasa en la calle dicho con grandilocuencia, que hace leer al pedante. O sea, que si te has equivocado y has llegado hasta aquí por esas cosas del caprichoso azar (y porque lo voy a publicar en Twitter qué demonios), no vas a leer El Lazarillo de Tormes o Los Cuentos del Conde Lucanor, tan dados a empezar sus capítulos con el tan famoso y útil De… lo que sea, sino un desvarío sabatino de una cualquiera (persona ¿eh?, no empecemos), o de Fulana (y seguimos, que luego dicen del machismo, ay Señor Señor) de Tal. Venga, que voy a lo que iba.
Andaba yo toda ufana por las redes comentando despreocupadamente un programita de TV de esos con que los pedantes de los eventos consuetudinarios se llevan las manos a la cabeza y se rebajan a insultar y hacerse de cruces a los que nos gusta lo que pasa en la calle (además), cuando algo llama poderosamente mi atención: una idea increíble, mágica, en la cual unos escritores se ofrecen a ser amigos invisibles de sus lectores regalándoles una parte de ellos, un poquito de su obra, UN LIBRO. La idea la promueve o publica un perfil con nombre de especia picante: Ana Kayena.
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